Monkeys.
Monkeys.
Monkeys.
¿Qué demonios? Cada dos o tres portales, Paseo de la Castellana abajo, me encuentro con esa palabra. Todos los días, cuando voy al trabajo, veo esa palabra escrita cerca de una cerradura, próxima a los timbres… Sé que la ha escrito la misma persona. Lo sé porque la pintada está hecha con el típico rotulador permanente y la caligrafía es la misma.
Siete letras sin más. Sin ningún tipo de ornamento. Pero aún así, caigo. Durante unos segundos me quedo mirando esos insignificantes caracteres embobada. De repente mi cabeza se ve invadida por un regimiento de monos tocando platillos. Acto seguido, me aseguro de que no se me han olvidado las llaves en casa.





